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EDITORIAL

Hubo una vez, una tarde noche en la que la gente salió a la calle a disfrutar

Sorprendió. A propios y extraños. Decenas de personas se volcaron al centro posadeño. Fue el primer domingo de abril. Estaban personas de todos los sectores sociales. Era posible identificarlas por su vestimenta por cómo llegaban: en autos o en colectivo. Sorprendió. Caminaron las calles del micro centro, de arriba abajo. Entraron a los negocios a consultar precios, ofertas. Algunos compraron, otros no.

 

Jóvenes y delgadas parejas con pequeños hijos en brazos o de la mano que venían de lejos, de barrios alejados. Que habían bajado de colectivos. Junto a mujeres mayores que hablaban de la posibilidad de ver un espectáculo gratuito. En la plaza principal de Posadas. Porque en la otra había una enorme oferta gastronómica a partir de la palta. Hasta allí llegaron para hacer un alto y sentarse en sillas de plástico frente a mesas de plástico. O haciendo una larga cola para comer un pancho.

Otras familias se volcaron a los bares. Sorprendió. No hubo gente que transportara cajas de enormes plasmas como en otro tiempo. Pero, en cambio, se los veía con varios bolsos más chicos.

 

Quien esto escribe tenía la sensación de estar escuchando en esas presencias las ganas de sentirse bien, de sacarse por un rato la pesada mochila de la crisis. Por un momento, caminar distendidos; charlando, riendo.  Se parecía a las oleadas de personas que se volcaron en el Parque del Conocimiento cuando llegó Tecnópolis a Posadas. Claro que allí fueron varios días. En este caso, la gente se volcó a las calles masivamente el día domingo. pero acaso disfrutó en igual sentido.

Acaso lo visto y vivido lleve a reflexionar en especial viendo el contexto en el que se produce. En especial, el dato más saliente: un tejido social sin fisuras, con todos disfrutando con todos. Claro que fue un momento, un día. Una tarde-noche feliz.

 

El lunes a la madrugada reaparecieron los camiones de la mala experiencia de Yacyretá. Otra vez los uniformes federales sacando a intrusos de terrenos de la Entidad Binacional Yacyretá. La ubicación de las familias en cualquier lugar y el temor en barrios Iprodha de la intrusión. El tejido social de nuevo en tensión. La fundada sospecha que hay detrás de las necesidades de muchos letrados que lucran con la indefensión.

Desalojan a familias que ocupaban terrenos a la vera del arroyo Mártires

Habría que ver entonces que es posible una sociedad apostando por una vida de calidad, donde los unos y los otros sean vecinos que conviven. Capaces de disfrutar como aquella tarde- noche la felicidad de caminar al lado de comparsas bailando, de seguir el ritmo de algún DJ instalado en la vereda. Que es posible, en definitiva, convocar sonrisas.

 

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