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Maradona descansa en el Cementerio Jardín de Bella Vista

Deportes Nacionales

Los restos de Diego Maradona llegaron apenas pasadas las 19 al Cementerio Jardín de Bella Vista, a 40 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, donde fue sepultado junto a sus padres. El cortejo fúnebre partió de Casa Rosada poco antes de las 18 y contó con un enorme despliegue de seguridad.

La ceremonia en el cementerio fue breve e íntima. Alrededor de 30 personas, entre familiares y lo más cercanos, despidieron a Maradona, quien falleció a los 60 años ayer por un paro cardíaco.

Hubo cerca de 40 personas. Empezando por sus cinco hermanas y su hermano Lalo (el Turco está en Italia), siempre muy acompañadas por Claudia. Y cuñados y sobrinos ya grandes. Dalma (con su pareja), Giannina y Jana, quien en el cumpleaños le escribió un mensaje que se lee y emociona. Toda gente de su círculo íntimo, nadie de los que estuvieron en los últimos tiempos con él. Amigos de la vida como el Pollo (de La Paternal) y dos Marianos. También estuvo Verónica Ojeda, mamá de Dieguito, en cambio Rocío Oliva no tenía permiso. Una perlita: el embajador de Italia, Giuseppe Manzo, fue con su hijo: es un napolitano de 50 años que lo disfrutó en su equipo. Y Sergio Berni, ministro de Seguridad de la Provincia, por el operativo.

Hubo lugar en la ceremonia para Luciano Malatini, quien escribió un libro sobre él. Y el periodista Martín Arévalo, quien siempre estuvo cerca suyo, de extrema confianza, quien trabajó en Olé. También Axel Ganly, de Torneos, capo de la copa Argentina. Todo demasiado íntimo, con drones de medios desde arriba. Eso sí, hubo gazebo para la última despedida y evitar que se vieran imágenes sensibles del adiós.Play VideoEl inicio de la ceremonia del entierro a Maradona

En ese momento, el único que tomó la palabra fue el cura. Y dio un mensaje de unión familiar, evocando cómo era Maradona a lo largo de su vida, diciendo que veía a muchos presentes parecidos a él. Y se tomó unos segundos para referirse a Doña Tota y Don Diego, las grandes pérdidas que había sufrido Diego, y con quienes se iba a “reencontrar”. Cuando se bajó a la fosa, hubo silencio literalmente sepulcral. Muy respetuoso e íntimo, sólo se escuchaban los llantos de todos. Fueron cerca de 20 minutos de acompañamiento final, de reflexión, de lágrimas para todos. Y el aplauso final para el más grande. Su gente le dio ese aplauso que todo el país le sigue dando.