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RELIGION

Martínez: el individualismo lleva a sumirnos en un mercantilismo salvaje que nos vacía interiormente

“Continuando con la reflexión cuaresmal, en la que queremos profundizar el tema de la evangelización, este domingo presentamos, algunos desafíos pastorales que tendremos que enfrentar para poder vivía más a fondo la alegría de evangelizar”. Así comienza la carta pastoral dominical el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez.

«DESAFÍOS PASTORALES»

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas,
para el 2° domingo de Cuaresma
[17 de marzo de 2019]

Continuando con la reflexión cuaresmal, en la que queremos profundizar el tema de la evangelización, este domingo presentamos, algunos desafíos pastorales que tendremos que enfrentar para poder vivía más a fondo la alegría de evangelizar.

En la medida en que nos hacemos más discípulos y vamos haciendo un camino de maduración en la fe, tenemos una mayor experiencia del Cristo Pascual. Aún los mayores sufrimientos y cruces pueden ser vividos en perspectiva de esperanza porque tenemos la certeza que la Vida triunfa sobre la muerte. Es importante aquella referencia maravillosa del Papa Benedicto XVI: «No se empieza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida, y con ello, una orientación decisiva» (cfr. Deus Caritas est, 1).

El Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, nos dice que «el bien siempre tiende a comunicarse. […] Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: “El amor de Cristo nos apremia” (2 Co 5,14); “¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!” (1 Co 9,16)» (EG 9). «La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal. […] Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas» (cfr. EG 10).

En esta reflexión cuaresmal sobre la evangelización sólo señalaremos algunos desafíos que considero que debemos tener en cuenta en el contexto de nuestra realidad social y cultural. El secularismo es indicado varias veces como uno de los mayores problemas de nuestro tiempo. Se propone una sociedad que omite a Dios y deja al hombre sólo con motivaciones coyunturales e inmediatas.

Desde esta perspectiva, nos vemos expuestos al individualismo que es propiciado por algunos poderosos y que nos lleva a sumirnos en un mercantilismo salvaje que nos vacía interiormente. Es lamentable contemplarnos muchas veces, sobreviviendo entre la lucha de aquellos que concentran poder y dinero y la creciente indiferencia y el flagelo del crecimiento de la pobreza en todas sus expresiones. Es cierto que en nuestra realidad encontramos la convivencia del secularismo creciente con la vitalidad de la piedad y el catolicismo popular.

En toda América Latina es fuerte la búsqueda de Dios que tienen nuestros pueblos, y esto se expresa en las grandes manifestaciones de religiosidad popular. Nosotros somos testigos, en nuestra Patria y en la diócesis, de importantes manifestaciones de fe que constituyen en nuestra cultura un fuerte componente de catolicismo popular que perdura desde hace siglos en nuestra historia.

Entre nuestra gente, en los barrios, se multiplican las ermitas y lugares de celebración. Esto se da sobre todo entre la gente más sencilla que expresa su fe en peregrinaciones y múltiples gestos de solidaridad.

Pero el secularismo aparece en ambientes que no sólo omiten a Dios, sino que generan espacios donde grupos minoritarios, pero con poder económico, expresan desprecio a la fe ridiculizando y hasta odiando esa fe genuina del pueblo.

El año pasado pudimos percibirlo en la agresión durante el debate que se instaló sobre el aborto y, posteriormente, con la pretensión de imponer la ideología de género en las estructuras educativas, aún con el rechazo de la sabiduría y el sentido común que tiene el pueblo.

Basta hacer un rato de zapping en la televisión o en las páginas de internet para ver que la mayoría de las propuestas en programas de diversión, novelas y películas excluyen no sólo la religiosidad de la gente sino también, valores esenciales como la vida, la familia, la justicia y la solidaridad.

Muchas veces, gente de los colectivos mediáticos, con desconocido aval moral, ridiculizan lo religioso y a la misma Iglesia.
Tratan permanentemente de dañarla, subrayando debilidades personales de algunos de sus miembros y silenciando a tantos que dan su vida en obras de caridad y justicia, o bien, tergiversando algunas de sus enseñanzas desde prejuicios ideológicos, casi dogmáticos, y escondiendo las verdades de dichas enseñanzas. Obviamente todo esto no es mera casualidad.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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