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Opinion

Nuestra Constitución Nacional está en peligro

Hace unos años atrás, apareció esta película protagonizada por Denzel Washington, una especie de drama apocalíptico en el que se relata las peripecias de un hombre preocupado por salvar el único ejemplar de un libro desconocido y misterioso. Las luchas fueron muchas, su vida estuvo en riesgo varias veces y cuando finalmente se muere, ya había dictado todo el contenido de ese libro, que no era otra cosa que la Biblia.

Por estos días, hay un texto que se nos está presentado a veces como desconocido, ignorado y por qué no, misterioso: nuestra propia Constitución Nacional.

Bueno será que todos los que pisamos suelo argentino conozcamos su texto y mejor aún, vivamos según lo que ella establece. Cuanto más si se trata de funcionarios de gobierno.

Cuando escucho hablar de legislar favoreciendo el aborto; cuando veo la promoción de leyes que van contra la propiedad privada; cuando nos enteramos que los presos salen a la calle; cuando la educación se tiñe de ideologías; cuando en silencio vamos perdiendo derechos fundamentales, es cuando comenzamos a alejarnos de un texto que nos define y defiende como ciudadanos y habitantes libres de este hermoso suelo argentino.

Nuestra Constitución Nacional nos marca el rumbo, determina el camino a seguir, muestra los límites, deja en claro los derechos y también las obligaciones.

Su articulado va deshojando la margarita de lo que está permitido y de lo que nos está vedado. No podemos movernos fuera de ella, no podemos funcionar apartados de su texto, no podemos ser un país libre y soberano si vivimos negándola en los hechos cotidianos. La República lo exige.

Su Preámbulo es exquisito en su redacción, amplio en sus fines y generoso en sus finalidades y valores, destacándose el orden, la justicia, el bien común, la defensa colectiva, los beneficios de la libertad y la existencia de un Estado democrático.

Su Primera Parte, presenta una galería maravillosa de Declaraciones, Derechos y Garantías. Esta Parte Dogmática contiene enunciados solemnes sobre cuestiones fundamentales; facultades o atribuciones que son otorgadas a los habitantes del Estado y finalmente, las instituciones y procedimientos de seguridad, creados a favor de las personas.
Más adelante nos encontramos con su Parte Orgánica, destinada a establecer y ordenar el poder, sus funciones, los órganos que la desempeñan, las relaciones entre ellos, el modo y el tiempo de acceso, entre otras cosas. A esta parte también se la llama el derecho constitucional del poder.

Nuestra Constitución Nacional defiende la libertad de culto; promueve la autonomía provincial; defiende la vida; otorga el derecho a la propiedad; exalta la libertad de expresión; promueve la ética pública; regula los derechos ambientales; establece una clara división de poderes e incorpora tratados internacionales.

No la perdamos de vista, defendámosla con nuestra propia vida se es necesario, por la buena salud de la Patria.

Pablo Hulet
DNI 14963580

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