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EDITORIAL

Nuevos tiempos legislativos y renovadas demandas sanitarias

Se abre un nuevo período de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación y en el Concejo Deliberante de Posadas. A nivel país, en un contexto de renegociación de la deuda externa y un asomo de reactivación productiva. Con condicionantes políticos de una oposición que no termina de perfilarse y da marchas y contramarchas, sin hacerse cargo de la gestión que tuvo a su cargo hasta diciembre último.

 

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En el plano posadeño, el 1 de marzo se avizoró como una fecha de anuncios de innovación, tanto en el ámbito del Departamento Ejecutivo como en el del Deliberativo. El intendente Leonardo Stelatto estrena los mensajes al Concejo con proyectos que se proponen innovar en la capital misionera. De su lado, el Concejo Deliberante anticipa una gestión ecologista, haciéndose eco de las demandas que, hoy por hoy, realiza la ciudadanía preocupada por el medio ambiente.

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Un medio ambiente que se requiere saludable pero que exige un alerta ciudadano empujado por enfermedades vectoriales como el Dengue o víricas como el Coronavirus. En esta materia Misiones ha desarrollada una trayectoria digna de ser tenida en cuenta. Arrancó con la Fiebre Amarilla y la rápida respuesta para enfrentarla, con una masiva vacunación que superó el 100 por ciento de la población porque se cruzaron las fronteras desde naciones vecinas.

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Con el Dengue todavía no hay respuestas en materia de vacunas, lo que expone mucho más a la Provincia como enclave entre dos países Paraguay y Brasil, en los que la enfermedad es una epidemia. La celeridad con la que se actúa desde la salud pública ha permitido poner una barrera a la enfermedad y el brote desarrollado en Oberá potenció una movilización ciudadana generalizada que permite albergar esperanzas en cuanto a que no se pasará a mayores.

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Pero para eso hace falta que nadie baje los brazos ahora ni desde acá en adelante. La higiene personal, domiciliaria y pública es hoy por hoy de una importancia similar a la que existía cuando no se habían desarrollado los antibióticos y las infecciones eran altamente riesgosas. El avance de esta medicación, así como de las vacunas, de mayores desinfectantes, de la disponibilidad de agua potable o disposición de excretas en grandes y pequeños centros poblados parece haber inducido a un descenso de la vigilancia personal en materia de higiene.

A punto tal que hoy hay que volver a aprender cómo deben lavarse las manos, con qué cuidados y frecuencia. Y aprender de nuevo cómo manipular alimentos en negocios con venta al público. En una cadena de supermercados –acaso para ahorrar en empleados- la cajera que cobraba también preparaba los alimentos solicitados por los clientes sin recurrir a guantes, por ejemplo. Tampoco los tenía la otra empleada que estaba destinada a preparar lo que la gente pedía. Sin dudas se trata de desempeños observables que deberán modificarse de aquí en más.

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A nivel mundial se sucede la suspensión de eventos con concentración de público. En tanto se prueba una veintena de vacunas y se despliegan protocolos para contener la expansión que facilita la globalización y el desplazamiento de personas de un país a otro, de un continente a otro.

Una vez que se haya enfrentado y resuelto el coronavirus será momento, seguramente, de analizar cómo prevenir este tipo de problemas, dados los actuales contextos de migraciones, posibilidad de mutaciones de virus y bacterias. Y sobre todo de entender que la pobreza, la falta de educación, son caldo de cultivo no sólo de enfermedades sino también factores que potencian la diseminación. Las naciones ricas o industrializadas tienen también lo suyo.

Los medicamentos son hoy por hoy sociales. Otro tanto hay que decir de las vacunas. En otras palabras, deben estar al alcance de cualquier enfermo, sin importar su condición económica. Ya ni siquiera por humanitarismo sino hasta por oportunidad.

 

Por caso, el sarampión regresó hasta a las naciones industrializadas, de la mano de los antivacunas, ese impensado movimiento que se ha expandido a pesar de carecer de fundamento científico. Y en Argentina, también porque no se mantuvo como se debía el programa de vacunación que la había hecho merecedora de un elogio internacional.

 

 

 

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