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Obispo Martínez: “La esperanza cristiana reclama un fuerte compromiso personal y social”

Posadas Religión

El titular de la Diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez, expresó en su homilía semanal, que “este domingo celebramos el triunfo de la Vida sobre la muerte, la resurrección de Cristo. ¡Es la celebración de la Pascua y de la Esperanza!” “Quiero que nos detengamos a reflexionar sobre esta certeza de la fe, que tenemos los cristianos: Nuestra esperanza se fundamenta en que Cristo resucitó. Esta esperanza ¿cómo repercute en nuestra actitud de vida en las cosas cotidianas?”, inquirió.

«PASCUA Y ESPERANZA»
Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas,
para el Domingo de Pascua
[17 de abril de 2022]

El primer día de la semana de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al
sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro
discípulo al que Jesús amaba y le dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde
lo han puesto» (Jn 20,1-2). Se armó la confusión, todos corrieron; el sepulcro estaba vacío, las
vendas tiradas en el piso, junto al sudario que había cubierto su cabeza. Todavía no habían
comprendido que, según las Escrituras, Él debía resucitar de entre los muertos. Los Apóstoles por
miedo e inseguridad estaban encerrados en un lugar de Jerusalén. El Señor resucitado se hizo
presente en medio de ellos y les dio la paz. A estos pobres hombres el Señor había elegido para ser
sus Apóstoles y los instituyó sacerdotes en la última cena: «Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió
y lo dio a sus discípulos diciendo: “Esto es mi Cuerpo, que se entregará por ustedes. Hagan esto
en memoria mía”» (Lc 22,19). En la última cena que celebramos el Jueves Santo, ya el Señor, estaba
anticipando sacramentalmente la Pascua.

Necesitamos repasar estos momentos cruciales de la historia, que por el amor que Dios nos tiene,
se transforman en historia de salvación de la humanidad. Este domingo celebramos el triunfo de
la Vida sobre la muerte, la resurrección de Cristo. ¡Es la celebración de la Pascua y de la Esperanza!
Quiero que nos detengamos a reflexionar sobre esta certeza de la fe, que tenemos los cristianos:
Nuestra esperanza se fundamenta en que Cristo resucitó. Esta esperanza ¿cómo repercute en
nuestra actitud de vida en las cosas cotidianas?

Sabemos que sostenernos en la esperanza no es fácil en un contexto marcado por una crisis de
época. Las consecuencias de esa crisis que puede desesperanzarnos también se encuentran en
búsquedas desviadas de Dios; en la multiplicación de falsas propuestas religiosas que mienten y
dañan la sana religiosidad de nuestro pueblo; en el secularismo de los «megamedios» que entran
en nuestros hogares con nuestro consentimiento; o, en la multiplicidad de propuestas
supersticiosas o mágicas. También puede desesperanzarnos el percibir que el crecimiento
económico alcanza a algunos, y otros sectores que significan grandes porcentajes de nuestra
sociedad, solo sobreviven y quedan excluidos de un circuito competitivo y cruelmente exigente.

¿Cómo se rompe el circuito de la pobreza de aquellos que sin culpa padecieron la desnutrición en
la infancia, o bien el acceso a la educación o la salud?

A los signos de la cultura de la muerte también se suman, la fragilidad en la que viven tantos niños,
adolescentes y jóvenes por contextos no incluyentes en el trabajo y educación; y por el flagelo de
estructuras de corrupción como la droga que los dañan gravemente. Todos tendremos que
sentirnos responsables de transformar estas situaciones de muerte en Vida. En la Semana Santa y
en el Misterio Pascual celebramos el misterio de la muerte y de la Vida. Aunque haya muchos
signos de muerte, tenemos la certeza de la Vida, de la resurrección de Cristo. Por esta poderosa
razón ¡no claudicamos en la Esperanza!

La esperanza cristiana reclama un fuerte compromiso personal y social, y nos lleva a ser
protagonistas y responsables para que las cosas anden mejor. Cada uno desde su propia realidad
y con sus propios problemas, debe participar. La frase ¡para qué meterse si esto no va a cambiar!
es contraria a la esperanza cristiana.

Tampoco fue fácil para los Apóstoles y discípulos de Jesús. Padecieron, y mucho. Durante este
tiempo pascual leeremos textos de los hechos de los Apóstoles en la Biblia, de la Iglesia en sus
primeros pasos. La experiencia de Jesucristo resucitado que aseguró: «Yo estaré siempre con
ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28,2) llevó a estos discípulos de los primeros tiempos y tantos
santos y mártires de ayer y de hoy a ser testigos de la esperanza.

¡Como Obispo y Pastor les envío un saludo cercano y Pascual!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas