Obispo Martínez pide “construir desde el diálogo”

Posadas

El texto del Evangelio de este domingo (Lc 6, 27-38) nos presenta el tema del amor a los enemigos. «Yo
les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian […] Al que
te pegue en una mejilla, preséntale también la otra […] Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito
tienen?» Creo conveniente que meditemos estos textos que con tienen grandes enseñanzas de Jesucristo
el Señor, y así podamos ponerlas en práctica, especialmente aquello que nos denominamos cristianos y
queremos ser discípulos suyos.

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas,
para el 7° domingo durante el año
[20 de febrero de 2022]
El texto del Evangelio de este domingo (Lc 6, 27-38) nos presenta el tema del amor a los enemigos. «Yo
les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian […] Al que
te pegue en una mejilla, preséntale también la otra […] Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito
tienen?» Creo conveniente que meditemos estos textos que con tienen grandes enseñanzas de Jesucristo
el Señor, y así podamos ponerlas en práctica, especialmente aquello que nos denominamos cristianos y
queremos ser discípulos suyos. Es cierto que esta enseñanza puede parecer casi imposible de cumplirse
considerando el contexto en el que vivimos, caracterizado por «el ojo por ojo», o bien, por la indiferencia
y el individualismo creciente que lamentablemente se van dando como normales en nuestra cultura.
Estas actitudes que van empobreciendo nuestra vida social se perciben en numerosas formas de
relacionarse que, en lugar de acercarnos, nos van alejando de los demás. Y los peores ejemplos de
violencia, mezquindad y avaricia se dan en aquellos que tienen más poder y dinero. No podemos
generalizar, para no ser injustos, pero, lamentablemente, si estamos mal en muchos aspectos de nuestra
Patria, es porque los que tienen poder y ocupan lugares de conducción no tienen suficientemente en
cuenta el bien común. ¿Cómo puede ser que se sucedan en el gobierno los unos y los otros y, la pobreza,
la droga -para señalar algunas de las plagas actuales- sigan creciendo?
Tenemos además una gran incapacidad para sentarnos a discutir, para comprender y encarar estas
situaciones y tantas otras que van dañando seriamente nuestra sociedad. Las grietas aparecen cada vez
más profundas.
En este contexto, parece utópico hablar de la posibilidad de respetar la disidencia de escucharnos los
unos a los otros, aún con aquellos que piensan diferente o que tienen otro punto de vista. El Papa
Francisco, en su primera exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» nos dice: «El individualismo
posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los
vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares. La acción pastoral debe mostrar
mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y
afiance los vínculos interpersonales. Mientras en el mundo, especialmente en algunos países,
reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra
propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de
ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas” (Ga 6,2). Por otra parte, hoy surgen muchas formas de
asociación para la defensa de derechos y para la consecución de nobles objetivos. Así se manifiesta una
sed de participación de numerosos ciudadanos que quieren ser constructores del desarrollo social y
cultural» (EG 67)
El evangelio de este domingo es una invitación a amar a todos, aún a aquellos que nos odian. Nos
propone que la apertura y el diálogo con todos es la respuesta para sanar tantas heridas, odios, violencia
e indiferencia en nuestra sociedad. Todos los cristianos estamos llamados a ejercer este servicio desde
los lugares en que estemos.
El sábado 26, en la misa de 20:00 horas, en nuestro seminario «Santo Cura de Ars», de Misiones,
asistimos a un acontecimiento esperanzador: el ingreso de varios jóvenes que experimentan el llamado
vocacional a la vida sacerdotal como los Apóstoles del Evangelio. Como Pedro, Santiago, Juan o Mateo,
experimentaron el amor de Dios y se disponen a dar su vida a Dios y al pueblo. Esto nos manifiesta
que, aún con tantos signos de odio y violencia, el amor misericordioso siempre está y estará en el
corazón humano y en la sociedad. Si los que reflexionamos el evangelio de este domingo creemos lo
que el Señor nos dice y queremos practicar lo que creemos, podemos tener esperanza.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas