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Obispo Martínez pide revalorizar la cultura del trabajo en todos los ámbitos

Posadas Religión

Este domingo, 7 de agosto, coincide con la celebración católica de San Cayetano. “En la Argentina es la
oportunidad que tiene el pueblo para pedir la intercesión de este santo, por un tema central en la
vida de cada persona y familia, que es el trabajo”, expresa en su carta dominical el titular de la Diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez.

«LA DIGNIDAD DEL TRABAJO»

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas,
para el 19° domingo durante el año
[07 de agosto de 2022]

Este domingo, 7 de agosto, coincide con la celebración de San Cayetano. En la Argentina es la
oportunidad que tiene el pueblo para pedir la intercesión de este santo, por un tema central en la
vida de cada persona y familia, que es el trabajo.

También en nuestra Diócesis, en distintas comunidades hay celebraciones. Debo señalar que
siempre quedo impresionado por la religiosidad y a la vez por la claridad del mensaje que nos da
nuestra gente sobre la importancia que tiene el trabajo en la vida de una sociedad. Estos mensajes
profundos son enviados desde el sentido común y sensatez que tiene la sabiduría del pueblo.

Lamentablemente a veces se toman aspectos superficiales de las movilizaciones masivas que
genera la devoción a San Cayetano y no se hace una lectura profunda de la fe de nuestro pueblo,
ni se tiene en cuenta que pueden ser indicadores, quizás las mejores encuestas, para evaluar,
corregir y encaminar el rumbo de toda proyección económica, social, cultural.

Es importante recordar el documento «Laborem exercens» del Papa san Juan Pablo II, en donde se
subraya la enseñanza que habitualmente nos da la doctrina social de la Iglesia, acentuando la
prioridad del trabajo sobre el capital. En sí debemos afirmar la importancia del capital para el
crecimiento, pero dicho crecimiento es genuino, consistente y justo, cuando está ligado al trabajo.
Será una clave en nuestra Patria y Provincia profundizar en el eje de la cultura del trabajo, que
tanto tiene que ver con nuestra identidad heredada de nuestros antepasados que por
generaciones consideraron su trabajo como clave para crecer. Aunque nuestra realidad va
cambiando y la globalización y la tecnología, sumados a la experiencia dura de la pandemia,
generan nuevos escenarios, deberemos tener en claro que si nos sometemos solo a lo virtual
seguiremos generando rupturas con la realidad en donde el proceso de concentración y exclusión
seguirán profundizándose.

En el Documento de Aparecida se señala: «Alabamos a Dios porque en la belleza de la creación,
que es obra de sus manos resplandece el sentido del trabajo como participación de su tarea
creadora y como servicio a los hermanos y hermanas. Jesús, el carpintero (Mc. 6,3), dignificó el
trabajo y al trabajador y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que
constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra, por la cual el
hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos. El trabajo, garantiza la dignidad
y la libertad del hombre, es probablemente la clave esencial de toda la cuestión social» (DA 120).
También el Papa Francisco, en la encíclica «Fratelli Tutti» nos dice que «el gran tema es el trabajo.

Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la
posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su
iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia
digna. Por ello insisto en que ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución
provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida
digna a través del trabajo. Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no
puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada
persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque no existe peor pobreza
que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo. En una sociedad realmente
desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un
modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer
relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable
en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo». (FT 162)

Este 7 de agosto, pedimos a San Cayetano que en cada hogar de los argentinos y misioneros haya
«pan y trabajo». Pedimos a nuestro Padre Dios por la intercesión de San Cayetano, para que
podamos revalorizar la cultura del trabajo en todos los ámbitos, con la certeza que esto nos hace
más dignos, porque nos ayuda a plenificar el haber sido hechos a imagen y semejanza de Dios.
Un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas