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Obispo Martínez pide “Volver a Jesús”

Posadas

“La Navidad es una oportunidad que tenemos como cristianos y como discípulos, de volver a tenerlo
a Jesucristo, el Señor, como Aquel a quien queremos seguir”, dijo el titular de la Diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez en su homilía dominical.

«VOLVER A JESÚS»

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas,
para el 4ª domingo de Adviento
[19 de diciembre de 2021]

Estamos próximos a celebrar la Nochebuena. El gozo del nacimiento de Jesús, el Dios con nosotros.
En este domingo vamos terminando el tiempo del adviento, la espera y la expectativa de los
contemporáneos de Jesús por la llegada del Mesías. El texto del Evangelio (Lc 1,39-45), nos propone
«la Visitación» en la que Isabel se llena de gozo por la visita de María embarazada: «¡Tú eres bendita
entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!»

Sabemos que vamos transitando caminos exigentes. En nuestra vida cotidiana nos encontramos con
muchas circunstancias complejas, inquietudes, que no nos dejan discernir aquello que es
importante. La Navidad, el nacimiento de Jesús en el pesebre, del Dios hecho hombre, nos permite
comprender el lenguaje de Dios y ubicarnos en aquello que es central para responder mejor a tantas
urgencias que nos agobian.

En reflexiones anteriores subrayamos la necesidad de evaluarnos, o bien de realizar un examen de
conciencia, hecho con humildad desde la verdad de nuestras vidas, también desde el respeto a la
verdad en los otros, y como base para construir sólidamente en nuestra sociedad. Este examen de
conciencia en el adviento tiene como efecto principal la posibilidad de volver a Dios, y ponerlo a
Jesucristo en el centro de nuestras vidas. De alguna manera nos puede ayudar a que no seamos
cristianos que vivimos con un pesebre sin el Niño Jesús.

La Navidad es una oportunidad que tenemos como cristianos y como discípulos, de volver a tenerlo
a Jesucristo, el Señor, como Aquel a quien queremos seguir. Aparecida nos señala: «En el
seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de
vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el
dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su
amor servicial hasta el don de su vida. Hoy contemplamos a Jesucristo tal como nos lo transmiten
los Evangelios para conocer lo que Él hizo y para discernir lo que nosotros debemos hacer en las
actuales circunstancias» (DA 139).

Es cierto que muchos celebran la Navidad y se olvidan del nacimiento de Jesús vaciándola en su
contenido central. Pero aún así debemos señalar que nuestra gente tiene una gran religiosidad, y la
mayoría es cristiana. La Navidad es un tiempo oportuno para colocar a Jesucristo, el Señor en el
centro de nuestras vidas y madurar la fe. En las capillas se multiplican los pesebres y las Misas
navideñas. La fe necesita ser compartida, y requiere nuestro compromiso y búsqueda de comunión
con otros hermanos que están en el mismo camino. El pesebre nos ayuda a convertirnos. Nos
permite comprender aquello que necesitamos para ser amigos de Dios. Ante el pesebre descubrimos
que para ingresar al camino que nos conduce a Dios debemos hacernos pequeños, y que la
humildad es generadora de esperanza, en una sociedad excesivamente cargada de soberbia. Orando
ante el pesebre comprendemos más profundamente la bienaventuranza: «Felices los que tienen alma
de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos». (Mt 5,3)

Una de las dificultades para recuperar la centralidad de Jesucristo, es el creciente subjetivismo e
individualismo de la fe. Cuando nos pasa esto es porque fuimos acomodando la fe a nuestro
parecer, afectos y criterios. Es una tendencia muy fuerte el adecuar la Palabra de Dios a lo que nos
parece, porque su propuesta es exigente, pero siempre es el camino que nos lleva a la verdadera
felicidad.

Al finalizar esta reflexión, próxima a la Navidad, no quiero dejar de tener especialmente presente a
aquellos que padecen alguna forma de sufrimiento, a los que están presos, a los que padecen alguna
enfermedad, o a aquellos que en la Nochebuena estarán en alguna sala de hospital, a los que están
solos, a los que tienen poco para comer. El Señor los considera sus privilegiados y a ellos
especialmente los invita a su mesa. Nosotros como cristianos también los queremos tener presentes
en nuestro corazón y nuestra oración.

¡Feliz Navidad y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas