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Justicia

Pasaron cinco años del doble homicidio mafioso del barrio Tacurú y aún falta mucho para el juicio oral

La noticia sacudió a la ciudad de Posadas el 17 de diciembre de 2015. En el barrio Tacurú, dentro de un coche Chevrolet Agile gris aparecieron acribillados dos hombres: Sebastián Vega y Rodrigo Ibarra. Fue un hecho escalofriante, que llevaba el sello de la mafia. Con el correr de los días empezaron a caer los sospechosos y se develó una trama que tenía al narcotráfico como telón de fondo.

“Siete personas se juntaron y planearon que mi hermano con tan solo 35 años tenía que morir. Actualmente, sólo uno está preso, los demás gozan de la libertad. Uno se pregunta dónde está la Justicia”, escribió en su Facebook Bárbara Vega, hermana de Sebastián.

Reiteró que “hace cinco años lloro a mi hermano y veo a sus asesinos libres como si matar a una persona no fuera un delito. A mi hermano lo mandó matar Martín Vedoya y me da vergüenza decir esto porque no era un extraño: es el padre de mi hija”.

“Ricardo Vázquez era amigo de mi hermano y fue el que lo entregó para q lo asesinaran. Y la lista sigue. Denisse Candia, su madre y su padre manejaron el auto donde llevaron a los dos que ejecutaron a Sebastián: Luis Morínigo y Nestor ‘El Negro’ Rojas (único detenido)”, añadió.

Candia era novia de El Negro. Ella y sus padres están acusados de “encubrimiento”. La chica aportó en su indagatoria datos relevantes para determinar la secuencia de los hechos.

Dijo contó que el 16 de diciembre de 2015 por la tarde trasladó a Rojas hasta el barrio de Villa Sarita para buscar a Vázquez y que luego los llevó hasta ruta 12 y 115. “Vázquez y Rojas bajaron y se subieron a un VW Bora negro. En ese momento vi que había dos personas en ese auto. El que manejaba era Martín, que incluso me saludó”, declaró. Ese Martín, según la acusación, era Vedoya, quien está acusado como instigador del doble homicidio.

Más tarde entró en escena Luis Morínigo, quien fue llevado por Rojas a la casa de los Candia. “El Negro y Luis empiezan a tomar unas cervezas. Al rato el Negro me pide que compre dos bidones de nafta y me da 300 para eso. Luego Rojas habló por teléfono y me pidió que le llevara un ratito a ver un señor que debía pagarle algo. Fuimos al acceso Oeste, cerca de la rotonda del puente de la avenida Chacabuco. Allí estaba un auto gris. Dimos una vuelta y el Negro y Luis se bajaron, de manera agresiva, cerrando fuerte la puerta”, añadió.

El auto gris era el Agile. Poco después, de acuerdo con la principal hipótesis, Vega e Ibarra fueron acribillados.

La versión oficial indica que el objetivo de Rojas era Vega, a quien acusaba de haberle aportado datos a las fuerzas de seguridad para que decomisaran droga de su propiedad. Para que Sebastián acudiera al lugar habría utilizado a Vázquez, quien se habría contactado con Vega diciéndole que había gente que quería verlo para una transacción de estupefacientes. Por eso señalan a Vázquez como el entregador.
Ibarra habría estado en el lugar equivocado en el momento equivocado.

“Solo pido que algún día la causa se eleve a juicio y que los asesinos de mi hermano paguen con cárcel por lo que hicieron. Mi familia necesita justicia”, exigió Bárbara en su publicación.

Los Candia fueron los primeros en recuperar la libertad. Luego fueron Vázquez y Vedoya. A Morinigo lo trasladaron a Buenos Aires, donde está purgando una pena por narcotráfico anterior al doble homicidio. Rojas sí está preso. Cayó en 2018, tras el asesinato del mecánico Aldo Andrés Cantero, a quien ultimaron a balazos en su casa de Gobernador de Roca en agosto de ese año. Actualmente está alojado en el penal de máxima seguridad de Ezeiza, desde donde habría planeado asesinar al juez del doble homicidio, Fernando Verón. Por esa tentativa, le abrieron otra causa penal.

Actualmente, el expediente se encuentra en la Cámara de Apelaciones en lo Penal y de Menores. Llegó por una apelación que el defensor oficial que asiste al Negro hizo sobre la prisión preventiva que el juez Verón le dictó al acusado.

Para la elevación a juicio, todo lo indica, aún falta mucho.

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