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Qué pasa con los jueces, cómo pueden infringir las leyes

En una república, la división de poderes asigna a cada uno de ellos funciones específicas. Así un Poder no puede o no debe incursionar en un campo de acción que le es ajeno, propio de otro Poder del Estado.

Sin embargo, cada día más la ciudadanía observa perpleja cómo los jueces pueden infringir las leyes, como algo natural, sin que nada les ocurra. Que puedan extender en el tiempo la irresolución de cuestiones, aún si esto perjudica notablemente a terceros, inclusive a muchas personas. No hay diferenciación de jurisdicciones, pueden ser magistrados federales como provinciales. Lo que para el ciudadano de a pie es impensable: infringir la ley sin recibir condena alguna por ello, para los jueces parece ser una concesión graciosa del dejar hacer. Lo que  su vez aumenta la sensación de impotencia que embarga a la sociedad: la Justicia le es ajena, territorio que, en todo caso, es de unos pocos.

“Hacete amigo del Juez y no le des de qué quejarse” ya el viejo Viscacha advertía el poder de estos magistrados allá por el 1879, fecha de la que data La Vuelta del Martín Fierro, una de las dos obras emblemáticas de José Hernández, fino observador de la realidad campera y la vida paria del gaucho. Y por eso resulta doblemente llamativo que, a pesar del tiempo transcurrido, en este siglo XXI, algunos magistrados sigan teniendo un poder tan omnímodo.

Porque qué explicación cabe a la decisión de un juez federal de otorgar una cautelar a empresas fabricantes de cigarrillos, con incidencia en el 40% del mercado, para que evadan el impuesto que alimenta el Fondo Especial del Tabaco (FET) y con ello perjudique a miles y miles de productores tabacaleros, a cooperativistas. Productores que viven en siete Provincias a las que alcanza su condición de juez federal. Y el colmo de los colmos: la Suprema Corte de Justicia no avala tales cautelares. Pero esto tampoco hizo mella alguna en el juez que siguió adelante con su decisión.

Ahora bien, quién le pone el cascabel al gato. Qué pasa con el Consejo de la Magistratura. No investiga, no se pregunta el porqué de este despropósito. No le importa el daño que se causa. Porque lo que primero imagina quien ve esta situación es si no corresponde algún tipo de medida que le ponga fin y hasta obligue al resarcimiento pecuniario, habida cuenta del daño en moneda contante y sonante que se ha causado y causa a productores tabacaleros.

Esta semana, por segunda vez en lo que va de este año, una delegación integrada por al menos 250 personas provenientes de las siete provincias productoras de tabaco fue a Buenos Aires a plantear el desfinanciamiento del FET. Los escucharán en la Justicia, es la pregunta del millón.

Y por casa

Lamentablemente tampoco en la jurisdicción provincial se está exento de estas decisiones judiciales. De tanto en tanto, aparece una intempestiva decisión de un juez que decide desalojar a familias que viven en predios, que no le son propios pero en los que residen desde hace más de 20 años y hasta quienes lo hacen desde hace 50 años. No tienen en cuenta la propiedad veinteañal, ni la ley que prohíbe desalojos en Misiones, ni la registración de esos barrios de alta vulnerabilidad en el registro federal que promueve la salida de la marginalidad y la gradual y factible compra de los terrenos para generar viviendas dignas, con los servicios básicos asegurados: luz, agua, cloacas. Vecindarios con escuelas, centros de atención sanitaria, policial, parques, plazas.

Esta semana acá en Posadas, se planteó uno de esos casos y las familias dijeron que tienen miedo porque les llegó una intimación de desalojo. Cómo no iban a temer. Porque aunque consigan después el reconocimiento de los derechos adquiridos, deben pasar por el agraviante operativo que se instrumenta cuando de desalojo por orden judicial se trata.

Y las comunicaciones

En el transcurrir de la pandemia había un convencimiento casi generalizado: la Humanidad va a aprender a vivir, a priorizar lo que sea realmente importante, la vida, la convivencia pacífica. Y a poco de finalizado lo que al principio asomaba como cataclismo, las cosas volvieron a estar casi como antes. O aún peor si se quiere. Porque hasta hay amenazas de una tercera conflagración mundial y esta vez con armas nucleares.

Pero yendo a lo más cercano: las comunicaciones que fueron vitales, cuando no se podía salir a la calle porque se arriesgaban contagios y hasta la propia vida y la de los familiares con los que se compartía el domicilio.

Internet fue la salvación para la comunicación entre las personas, entre familiares, para estudiar, para trabajar. La vertiginosa expansión de los servicios no fue causa, no obstante, para que se morigerara la avidez de las prestadoras del servicio y los incrementos tarifarios se sucedieron, se suceden. No importa si hay un Decreto de Necesidad y Urgencia que intenta regularlo. Para eso está el oportuno juez que invalide en los hechos la decisión presidencial, perjudique a miles y vuelva a hacer que el servicio empiece a ser cada vez más para cada vez menos.

La pregunta es entonces si habrá que esperar que lo de Elon Musk se haga realidad e Internet se tenga por satélite, en todo el mundo. Claro que al principio será caro, en dólares, pero acaso los miles de millones de usuarios hagan que las tarifas bajen y las actuales prestadoras deban cambiar de rubro.