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Quema nacional: Entre Cabandié y el rabino Bergman

Opinion Nacionales

Vocablos como protectores del medio ambiente o ecologistas inundan las redes sociales, sitios webs y medios de comunicaciones tradicionales y alternativos. Pero, unos pocos explican qué hacen unos y otros. Se dice que los primeros bregan por las distintas maneras de regular, minimizar o impedir el daño que producirían ciertas actividades industriales, agrícolas, urbanas o comerciales, que ocasionarían a la flora y la fauna de determinadas superficies del globo.

En tanto que de los ecologistas se dice que constituyen un movimiento que procura evitar la explotación desenfrenada de los recursos de la naturaleza.

Entre estos últimos, cabe citar a Greeenpeace, quizá la organización ecologista internacional -sin fines de lucro- más conocida y que opera en 55 países, con sede central en Amsterdam, Holanda.

Tras los furiosos incendios en la Patagonia, le tocó el turno al Litoral argentino, donde ya ardió el 10 por ciento del territorio de la vecina Corrientes, y en la tierra colorada aún no trascendieron las cifras oficiales de hectáreas de montes nativos e implantados, que fueron reducidas a cenizas. Como sea, el drama de los propietarios de las tierras, de la pérdida de la fauna y flora, más otros factores que cuestan medir, por las catastróficas consecuencias que produjeron, y producen. las llamas, potenciadas por la sequía y la falta de lluvias.

Respecto del Ministerio de Medio Ambiente, en la actualidad a cargo de Juan Cabandié, cuyo único mérito para ocupar esa cartera, es que fue diputado por la Ciudad de Buenos Aires, por el actual oficialismo nacional. Su antecesor en el cargo –entre 2017 y 2019- fue el rabino, Sergio Bergman, farmacéutico de profesión.

Está claro que a los distintos gobiernos que nos toca (padecer?) no les interesa el cuidado del medioambiente, porque sino, no instalarían allí a simples militantes, amigos o familiares, sin capacidad técnica. Todo parece apuntar a que la Argentina –en materia de cargos políticos- se rige por el amiguismo y no por la meritocracia. Como para muestra basta un botón: Felipe Solá fue designado canciller cuando ni siquiera conocía el idioma de Shakespeare. Así le fue.

Tras una serie de errores no forzados, fue demitido a través de una llamada telefónica por el entonces titular de la Jefatura de Gabinete, Santiago Cafiero, por orden del presidente Alberto Fernández. Ni hablar de embajadores políticos –sin estudios algunos de diplomacia- que, con frecuencia dejan mal parado al país en relaciones diplomáticas. Fue el caso del verborrágico Luis Juez –actual senador por la provincia de Córdoba- quien, en 2017, calificó a los ecuatorianos como “mugrientos’, por lo que ese país solicitó dos veces su remoción, lo que finalmente se concretó.

De regreso al Ministerio de Medio Ambiente, cabe recordar que entre diciembre de 2015 y septiembre de 2018, esa cartera tuvo rango de ministerio, cuando fue degradado al nivel de secretaría, por lo que automáticamente perdió rango jerárquico. Fue entonces que el país pasó de 18 a 10 ministerios y se convirtió en el país de América Latina con menos carteras. Todo a contramano de la tendencia, en los últimos 20 años, donde los países buscan tener cada vez más ministerios porque procuran la tecnificación y la profesionalización en áreas más relegadas.

En la actualidad, se habla del Ministerio de Medio Ambiente, con la provincia de Corrientes en el ojo de la tormenta, donde cierta dirigencia política y algunos comunicadores inescrupulosos se preguntan qué hubiese pasado si las llamas atacaban una provincia donde gobierna el oficialismo? Especulaciones políticas y chicanas que no conducen a casi nada, porque la inflación no se detiene, las paritarias docentes y de los distintos gremios aún no se resuelven.

En ese sentido, mucho se habla en los mentideros políticos de la recuperación de la vida democrática de España, donde el sistema de partidos logró funcionar a pleno luego de cuatro décadas de hibernación franquista. El Pacto de la Moncloa, en octubre de 1977.

A pesar de los 12.000 kilómetros que nos separan de tierras españolas, tal vez, en la Argentina sea tiempo de que los representantes de los principales partidos políticos, sindicatos y otros actores sociales se comprometan, a seguir un programa político y económico con medidas tendientes a estabilizar la administración del país que naufraga entre la inflación, la pobreza y su moneda, el peso argentino, que de llegar a valer igual a un dólar –en enero de 1992-, hoy no vale medio centavo.

Daniel Sánchez
Periodista (U.Na.M.)
Maestrando en Análisis y Marketing Político (UCES)