SEGUINOS

PROVINCIALES

San Vicente: dos discapacitados de una misma familia requieren controles médicos y asistencia social

En el kilómetro 42 de la Picada Mojón Grande vive Ramona Yolanda Anger, con su familia. Uno de sus hijos Esteban, de 8 años, con hidrocefalia, tiene colocada una válvula y no recibe atención en su salud, ni Certificado Único de Discapacidad (CUD).

Además, su hermano Rogelio Anger, 40 años, está a su cargo porque no puede manejarse solo, a raíz de una malformación congénita y su epilepsia. Al igual que el niño, tampoco recibe controles médicos, ni provisión de medicamentos y carece de CUD.

El diputado Martín Sereno (Frente Popular Agrario y Social), junto con el responsable nacional de la Secretaría de Agricultura Familiar Campesino Indígena, Marcelo Torres, y el militante Javier Bres, estuvieron en la precaria vivienda de Yolanda, en el fondo de la Picada y a más de 10 Km de la ruta, donde carecen de asistencia social y sanitaria, y el trámite de pensión de Rogelio está parado.

La familia cuenta sólo con una moto con la que es muy difícil movilizarse hasta la zona urbana a 25 kilómetros de distancia. “A esa casa jamás llegó un promotor o promotora de salud, ni enfermero ni médico, ni siquiera la posibilidad de un traslado.

Hablamos con ellos, conocimos su situación y ya lo comunicamos a las autoridades municipales y del Ministerio de Salud Pública que comprometieron acciones urgentes para resolverlo. Estas son las carencias que nos demuestran que las políticas públicas integrales para personas con discapacidad, no están funcionando como deberían en la provincia”, manifestó Sereno.

“La urgencia es atención médica para mi hijo y hermano”

Hace cinco años falleció el padre de Yolanda y desde entonces se ocupa de cuidar a su hermano discapacitado, que por una enfermedad congénita nació sin parte de un brazo y desde los tres años sufre ataques epilépticos.

“Yo hago lo que puedo por mi hermano y por mis hijos. Rogelio está solo y enfermo, no lo puedo desatender, toma unas pastillas anticonvulsivas que son caras y que a veces me dan en el hospital, porque si tuviera que comprar, significa sacarle parte de la asignación de los chicos, y muchas veces no me alcanza porque él toma 60 pastillas por mes. Pido que me ayuden con los remedios y ya sería una gran solución”, señala.

Pero en realidad, la mujer necesita de todo: gestiones para conseguir el CUD para Rogelio y Esteban, alimentos, ropas y calzados para sus hijos y su hermano, al que cuando puede pagar un remisse, lo lleva hasta el hospital.

“Acá nunca vino nadie. Hace años que estamos solos, cuando vivía con mi papá estábamos mejor, por suerte puedo cobrar la asignación de mis hijos. El Gobierno tiene que ayudar a la gente discapacitada, si una está sana se puede rebuscar; pero en su estado es complicado. Hoy mismo al convulsionar se cayó y se lastimó”, indica.

“No puedo llevar a Rogelio en moto hasta el hospital”

Para su hijo Esteban Rodríguez, Yolanda pide que le hagan un control médico porque en Posadas, donde vivía antes de afincarse en la Picada Mojón Grande, el neurólogo le recomendó que una vez al año le hagan un estudio en la cabeza para controlar la válvula que le pusieron en el Hospital de Pediatría, cuando tenía 10 meses; “¿pero cómo hago para llevarlo al hospital en una moto?”, se pregunta la madre.

 

Agregó que además el chico tiene problemas cardiológicos, “un soplo en el corazón y desde hace un tiempo le salen ampollas en los brazos. La última vez que tuvo control, el médico me dijo que es un virus en la sangre.

Cuando puedo lo llevo al hospital; pero nunca le hicieron estudios. También recurrí a Acción Social de la Municipalidad; pero por ahora no tuve respuesta.

Me cansé de insistir con los médicos del hospital, porque solo repiten que lleve a mi hijo cuando pueda; pero es fácil decir eso desde un consultorio, sin pisar los barrios ni las picadas, y sin conocer la realidad que padecemos”, lamenta Yolanda Anger.

(Prensa PAyS)

Descargar Semanario Seis PáginasDescargar Semanario Seis Páginas


-