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Solidaridad: empezaron con un merendero, hoy llegan a 13

Posadas

“Lo bueno de esto no es todo lo que hicimos, sino todo lo que se sumó y todo lo que se va a poder seguir haciendo”, dijo Javier Noguera. Así agradeció la solidaridad de quienes ayudan a hacer posibles las actividades de Barbijos Solidarios.


El grupo de Barbijos Solidarios comenzó en el barrio San Roque, organizando locros en los días fríos para ayudar a personas vulneradas. Siguió sumando barrios a los cuales hacer llegas las ollas populares y también vendiendo rifas de colaboración. Con la llegada del coronavirus en 2020, la familia Noguera se avocó a fabricar barbijos para hacer llegar la solidaridad a quienes no podían comprarse uno, además de personal sanitario y de las fuerzas de seguridad.

La primera persona en contactar a Javier después del primer locro solidario fue Gabriel, que vive en Itaembé Guazú y todas las semanas lleva cosas: cajas de alfajores y de jugos para la Escuelita de Fútbol o insumos alimentarios. De esta manera se inició una cadena de solidaridad y vecinos de distintos barrios empezaron a ayudar con lo que podían, mientras que en merenderos y comederos lo reciben con gran agradecimiento.

Tal es el alcance de las actividades realizadas por el grupo solidario que comenzó ayudando a un merendero y hoy llega a trece. Lo mismo ocurrió con la Escuelita de Fútbol: de 20 niños y niñas alcanzaron, hasta el momento, unos 100 alumnos.

“Lo hacemos todo de con solidaridad y la gente entiende que es así. Si recibimos 20 leches, tenemos que dividir para los 13 merenderos, y la gente que lo recibe entiende, son agradecidos”, comentó Javier Noguera en diálogo con Radio Identidad, donde fue acompañado por la profe Ani García.

La solidaridad expandida

“Entre nosotros nos sentimos contentos y muy orgullosos porque vemos cómo reciben las cosas en los merenderos, nos cuentan sus necesidades y tratamos de ayudar en todo lo que esté a nuestro alcance”, expresó Javier, luego de relatar que “cuando empezó a vivirse una etapa más complicada con la pandemia tuvimos la decisión de parar la pelota. Hablamos con los padres, que también se acercan a la Escuelita a ayudar”.

En ese sentido, adelantó que recibieron “una propuesta de gente amiga para sumar a psicólogos y profesionales que son de la parte social”. “Ahí nos damos cuenta de la dimensión que tomó todo esto”, subrayó el integrante de Barbijos Solidarios. También en la semana se contactó con el grupo el ministro de Deportes, Héctor Corti, para entregarles pelotas y conos. Los elementos eran necesarios, dado que la Escuelita inició ” con 20 chicos y chicas y hoy tenemos más de 100″. Los alumnos y alumnas son separados por horarios y por edades para respetar el protocolo.

Javier considera que el aumento de la solidaridad y los alcances del grupo surgen de “la necesidad que hay en todos los barrios, algo que viene desde hace tiempo”. “Tenemos merenderos que reciben ayuda pero también a veces cocinan para 50 personas y llegan 70, entonces esa comida o los insumos les llegan muy justo a la semana. Nosotros, sin molestar a nadie, queremos complementar a la ayuda que tienen. Nace todo de una necesidad; también la Escuelita de Fútbol, porque veíamos a los chicos sin la escuela y estando encerrados tanto tiempo”.

“Creo que todo esto es por algo, por una necesidad que hay, como la de los chicos de divertirse. Los profes ven cómo toman entrenar juntos y se divierten a la par. Aparte de la merienda que le damos, si van a entrenar le vamos a dar una fruta. Ese es el camino al que queremos llegar: la contención. Que los chicos tengan la posibilidad de crecer con el deporte y con el respeto, acompañados de una alimentación saludable. Los profes les enseñan el respeto sobre todo, y los más grandes juegan con cuidado cuando se enfrentan a los más chicos”, completó.

El integrante del grupo señaló que cuando “terminan de entrenar y piden las pelotas para seguir jugando. El deporte es tan lindo, sano y necesario. El año pasado no habrán jugado casi medio año y cuando empezamos con la Escuelita fue furor”. Además, remarcó: “Les damos jugos y alfajores en todos los entrenamientos, y la verdad no sabemos cómo. Muchas veces de nuestro bolsillo, otras veces llama un supermercado y nos dona; es así. Cada día con Mati, Ani y Gabi recibimos mensajes o llamados de gente para darnos una ayuda, inclusive de quienes no conocemos“.

Tampoco queremos molestar tanto a la gente ni pedir de más, porque sabemos que se ayuda con lo que se puede. Estamos todos en la misma situación (económica) y en pandemia. Tratamos de seguir con lo nuestro: los merenderos y la Escuelita de fútbol, ahora de sumar un psicólogo o nutricionistas también. Tenemos para armar todo eso, que es algo lindo, y no salirnos de lo nuestro, porque por ahí va a ser algo que vamos a hacer a medias y no queremos eso”, agregó.

Javier explicó que “piden sillas de ruedas y pasajes, y tratamos de gestionarlo pero desde nuestro lugar; pero lo nuestro hoy por hoy son los merenderos, los barbijos, que mi mamá y mi esposa siempre están en la máquina, y la Escuelita”. “A los que día a día que nos colaboran: eso hace que podamos seguir haciendo lo que hacemos y de la manera en que lo hacemos“, agradeció.