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Opinión

Una nueva generación contra el cambio climático

(Por Karen Fiege) El futuro llegó hace rato y hoy los jóvenes tenemos la antorcha de la voluntad para detener el cambio climático. Esta lucha nos compete, no hay excusas.

Una generación entera se manifiesta en gran parte del globo terráqueo para expresar la necesidad de una civilización más justa y fraterna; recuperado luchas pasadas, como las que lograron democratizar el acceso a la educación, por ejemplo. Nos encontramos ante un Mayo Francés que exige frenar el cambio climático ¿Estamos dispuestos a mirar para otro lado?

En Misiones no miramos para otro lado, estamos haciendo un trabajo paulatino para lograr ese mundo que exige la Generación Z -menores de 25 años-. Ya en la Vigilia de Oración con los Jóvenes (2013) el Sumo Pontífice citaba la revelación de Jesús a San Francisco de Asís: “Ve, Francisco y repara mi casa”. Estamos reparando nuestra casa común.

Liderazgos como el de Greta Thunberg y Jamie Margolin construyeron las bases sobre las que se pararon otros tantos jóvenes, y son ellos quienes hoy marcan la agenda política de las decisiones que debemos tomar. No tenemos otro lugar, es decir, no hay un planeta alternativo.

Los algoritmos de Google nos muestran productos que debemos o necesitamos consumir. Mientras escribía estas palabras, una marca de pasta dental me sugirió comprar un cepillo de dientes “que no daña al planeta”. Actualmente podemos acceder a estadísticas como las de Trade Media Argentina que indican que 5 de cada 10 argentinos pagarían más por productos que son mejores para el ambiente.

El consumo sustentable ya es una realidad y, si pensamos en el tráfico de la Generación Z en las redes sociales, estamos preparados para afirmar que son ellos los que impulsan que esos algoritmos crezcan. Son ellos quienes marcan el norte sobre lo que debemos hacer: separar y reutilizar lo que tenemos, reducir el consumo de plásticos y aprovechar productos que sean amigables con el entorno.

Poco a poco y, sobre todo en los jóvenes, surge in crescendo un aprovechamiento consciente de energías renovables y nuevas formas de movilidad urbana. Estas emergen como alternativa al transporte tradicional y me refiero a la bicicleta, los monopatines eléctricos y aquellos medios que, de alguna manera, reducen la huella de carbono. Parece pequeño, pero poder modificar las formas de transportarnos cotidianamente es un paso gigante en el camino por mejorar la calidad de vida de nuestros vecinos.

Los jóvenes somos tierra fértil donde el deber con el ambiente germina. ¿Qué te parece si proyectamos un mundo mejor?

(*) Subsecretaria de Cambio Climático, Periodista, Abogada
Activista por los Derechos de los pueblos indígenas

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