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Opinión

Votar por la Vida

(Por Pablo Hulet) El Poder Ejecutivo Nacional, de manera inoportuna, extemporánea y antojadiza, acaba de enviar al Congreso de la Nación un nuevo proyecto de ley I.V.E. haciendo oídos sordos al NO rotundo del 9 de Agosto de 2018. Parece ser que el NOESNO, no funciona para estos casos.

El primer dato incuestionable puesto en claro por la genética es que en el momento de la fertilización, los dos gametos de los padres fusionados, forman una nueva entidad biológica, que lleva en sí mismo un nuevo proyecto-programa individualizado, una nueva vida individual. Esto es un dato duro, de alto rigor científico.

Estamos ante una nueva vida, no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser que se desarrolla por sí mismo. Negar este hecho, significaría negar los resultados ciertos de la ciencia.
Afirmar que “la mujer puede hacer con su cuerpo lo que ella quiera” y por lo tanto tiene derecho al aborto, además de ser una afirmación presuntuosa, no tiene en absoluto respaldo de la ciencia, ya que el embrión no es parte del cuerpo de la madre, ni el feto es una víscera de su cuerpo: el ADN del embrión es distinto al de sus progenitores.

Estamos ante un hecho que hace a la vida humana y sus derechos. No estamos ante un tema primariamente de fe, sino ante una realidad que también pertenece al ámbito de los derechos humanos y que deben ser tutelados por la misma sociedad. Estamos frente a un ser humano y que como tal debe ser tratado. Estamos ante una nueva realidad que tiene su autonomía genética, aunque no su independencia total. Este estado de fragilidad no disminuye su grandeza ni nuestra responsabilidad. Su primer derecho es el derecho a la vida.

No es coherente hablar de la vida y propiciar el aborto. Sé que hay situaciones difíciles y dolorosas, situaciones de marginalidad y pobreza, falta de formación, soledad y abandono; pero el aborto nunca es la solución.

El aborto no es un derecho ni una conquista social, es la expresión máxima del fracaso del Estado en sus políticas públicas en favor de la mujer, de la familia y de la infancia. Adherimos al #NiUNAmenos pero también al #NiUNOmenos, porque no se trata de una vida, sino de dos: la de la madre y la de su hijo, ambas merecen ser cuidadas y respetadas.

Hoy en día se escucha el reclamo, “Aborto, Libre, Seguro y Gratuito” como un derecho de la mujer por alcanzar. Se habla del derecho a la libre decisión. “Yo decido sobre mi cuerpo”. Creo que es necesario afirmar que el límite de ese derecho es el cuerpo del otro. Ya lo definimos: no estamos ante algo o alguien que dependa de la voluntad de otro, estamos ante un sujeto con derechos, y el primer derecho que cualquier ser humano tiene, es el derecho a nacer.

No se trata de una cuestión de fe o religiosa, que ciertamente la fortalece, sino de la altísima dignidad de la persona que es llamada a la existencia, y que por lo tanto, no es moralmente aceptable su supresión mediante ninguna de las diversas técnicas abortivas.

La defensa de la vida no se reduce a luchar solo contra del aborto, sino que debe abarcar todo el desarrollo de la misma vida, principalmente en sus momentos de mayor fragilidad, comenzando por el embarazo, pero siguiendo por el nacimiento y su cuidado posterior. El tema de la defensa de la vida física abarca la totalidad de las etapas en las que se desarrolla, pero debemos poner el acento en aquellas que más necesita de su cuidado. Cuando dejamos de plantear el tema de la vida como prioritario, por ser el primer derecho del hombre, quitamos una referencia esencial que da solidez al mismo sentido jurídico y provee bien a toda la humanidad.

La estrategia más eficaz para prevenir y evitar el aborto es la educación moral y ética, sobre todo en la infancia, la adolescencia y la juventud.

Nuestro país necesita contar con políticos, legisladores, líderes sociales y jóvenes comprometidos que se jueguen por la vida. Debemos rechazar e incluso denunciar toda práctica que atente contra la integridad o la vida de las personas, sea cual fuere el grado de su desarrollo.

Por todo lo antes expresado, como padre, abuelo y parte de esta sociedad, RECHAZO de manera categórica toda Ley del Congreso de la Nación que implique poner fin, de manera unilateral, a la vida de otra persona, por más pequeña que esta sea. Como hace 3.500 años, Dios nos habla diciendo “yo pongo hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal”.

Finalmente, me pregunto: “cómo votaran nuestros legisladores misioneros?”. Espero que le den un voto a la vida. No quiero pensar que terminen cambiando votos por posibles beneficios aduaneros. Elevo una oración al Altísimo, para que Argentina sea bendecida, prosperada y sanada.

Pablo Hulet
14963580

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